Inversión Social Estratégica: cuando el programa social también mueve la aguja del negocio

Inversión Social Estratégica: cuando el programa social también mueve la aguja del negocio

En 30 segundos

  • Una minera convirtió un problema de productividad en un programa de formación para su comunidad, con foco en incorporar mujeres.
  • El resultado: sobre US$750K de beneficio anual para la empresa, 100% de contratos indefinidos para los trabajadores y un SROI de $27,7 por cada $1 invertido —muy por sobre el rango internacional de 3,2 a 10,8.
  • La clave: haber definido desde el inicio qué medir para poder demostrarlo.

El problema: dos caras de la misma moneda

Una empresa del sector minero perdía capacidad de extracción en el horario de colación. Al mismo tiempo, los habitantes de la zona querían trabajar en la faena, pero no tenían las capacidades técnicas ni turnos compatibles con su vida. Dos problemas en paralelo, uno de la empresa y uno de la comunidad. En lugar de tratarlos por separado, la empresa los resolvió juntos con una inversión social estratégica.

El programa: formación en tres etapas

La fórmula combinó teoría, práctica guiada y desempeño:

  1. 2 meses — Formación teórica, en colaboración con la municipalidad.
  2. 5 meses — Contrato fijo práctica en simuladores de alta fidelidad, con acompañamiento constante.
  3. 6 meses — Contrato fijo en faena. Quienes aprueban pasan directamente a contrato indefinido.

El programa se ejecutó junto a la Municipalidad, con foco en atraer mujeres. Y, se centró en resolver la necesidad de la empresa, implementar un proceso de formación mayor a 6 meses con una extensa práctica laboral supervisada y ajustar jornadas laborales de 09:00 a 17:00, compatible con la necesidad de los nuevos colaboradores de volver a sus hogares todos los días. Este último detalle fue decisivo para incorporar a mujeres que antes descartaban la minería como opción laboral por su sistema de turnos.

Los resultados

Para la empresa: mayor extracción y un beneficio anual de sobre US$750K, equivalente a ganar un día adicional de extracción cada mes.

Para los trabajadores:

  • Estabilidad Laboral: El 100% de los graduados obtuvo un contrato indefinido, comparado con solo el 20% que contaba con esa seguridad antes del programa.
  • Mejora Salarial: El sueldo promedio mensual aumentó a $848.857. En las mujeres, subieron de un promedio previo de $483.333.
  • Balance Vida-Trabajo: Los operadores redujeron su jornada promedio de 44 a 40 horas semanales (previo a Ley 40 hrs), ganando tiempo de calidad con sus familias. Además podían llegar todos los días a su casa, que era uno de los factores por los que no se atrevían a llegar a la minera, principalmente en el caso de las mujeres.

  • Confianza y Habilidades: El 60% de los operadores reportó un aumento en su autoeficacia (sentirse capaz de lograr metas difíciles).
  • Nuevas Metas: El éxito del programa elevó las aspiraciones; el 100% de los participantes desea seguir especializándose en otros equipos mineros de mayor complejidad.

SROI: la evidencia internacional sitúa el SROI de los cursos de formación entre 3,2 y 10,8. Este programa alcanzó $27,7 por cada $1 invertido.

El verdadero desafío no es solo lograr impacto, también es poder demostrarlo.

La mayoría de los programas de formación probablemente sí generan valor para el negocio. El problema es que casi nadie puede probarlo con números, porque los datos viven en sistemas distintos (RR.HH., Operaciones, Finanzas no se cruzan), hay un desfase temporal entre invertir y ver resultados, la productividad es multicausal y, casi siempre, falta una línea base contra la cual comparar.

¿Qué medir para conectar formación con productividad?

Vale la pena definir, antes de partir, indicadores de negocio (producción por turno y por trabajador, reducción de tiempos muertos, rotación y costo de reemplazo) e indicadores de capital humano (conversión a contrato indefinido, tiempo hasta el desempeño autónomo, progresión salarial e inclusión). Y para poder atribuir el impacto, cuatro condiciones: línea base, un grupo de comparación, seguimiento en el tiempo y una teoría de cambio explícita que conecte la formación con los ingresos. El SROI de $27,7 de este caso no apareció por suerte: fue posible porque esos elementos se definieron desde el diseño, no al final.

Para pensarlo

Piensa en el último programa de formación o RSC que lanzó tu empresa. Si mañana tu gerencia te preguntara “¿cuánto valor generó esto para el negocio?”, ¿tendrías un número que defender, o solo una buena historia? La diferencia entre ambas casi nunca está en el impacto del programa. Está en lo que decidiste medir antes de empezar.

¿Conversamos?

En Impacta ayudamos a las empresas a transitar desde “creemos que funciona” a la evidencia concreta del valor que generan sus programas sociales y de formación. Si enfrentas brechas operacionales que podrían resolverse con talento local, o ya tienes un programa que probablemente genera más valor del que hoy puedes medir, cuenta con nosotros para llevarlo al siguiente nivel.

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Publicado originalmente en el newsletter Impacta · Con sentido en LinkedIn.

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